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13-01-2016
Ancap y su tragedia

Por Diego Martínez

Ancap ha cambiado al Uruguay.

Debió ser al revés. Debió ocurrir que el Uruguay cambiara y transformara a Ancap en una empresa mucho mejor.

Pero no. Desde los criterios de inversión, los procedimientos de adjudicación de contratos, la conducción publicitaria, las decisiones tarifarias, las advertencias entre miembros gubernamentales, la contratación de auditorías. También la gran privatización por la vía de crear empresas subsidiarias, “hijas” y “nietas” como se les llama. Todo se sumó para que no fuera el gobierno uruguayo el que terminara transformando a su empresa pública más importante para bien, sino que el drama, el desquicio instalado en esta empresa, terminara cambiando al propio país.

El Uruguay ha quedado conmovido. Ha cambiado. Y para mal. Hacia todos lados y hacia todos los tiempos. Ahora hay miles y miles de jóvenes y niños que son deudores antes que ciudadanos. El Frente Amplio los ha transformado en deudores. Ya no importa "a quién se le debe", como ocurría antes con el FMI, lo que importa ahora es "quién" debe. Miles y miles de compatriotas que aún no votan han sido transformados en deudores para rescatar a Ancap.

El país futuro mira de reojo y aún sin voz se hace oír, se siente su gruñido de dolor y rebeldía que late ante lo injusto.

Ancap ha cambiado todo. Ya no podrán llevarse adelante proyectos de cambio imprescindibles. O verse completados. O ejecutados en tiempo. Faltarán más y mejores locales educativos y sanitarios, faltarán plazas, patrulleros. Habrá combustible y portland más caro.

Faltarán más salarios, sobrarán más impuestos.

¿Quién pone y pondrá la cara por todo esto? Ante la gente, ante las urnas y ante las nuevas generaciones, que no tienen aún derecho al voto pero sí el deber de pagar las deudas de todo este desastre.

Hubo un Frente Amplio. Y hay un post Frente Amplio que es el que ahora gobierna. Mujica le retira el cariño a su ex preferido Sendic y se esconde en eventos internacionales. Valenti, en tanto, pide perdón veintidós veces de un tirón. Los ex FA, como Abella, directamente piden cárcel para Sendic. Las acusaciones entre sectores van y vienen, a ritmo de selfies en el Parlamento, donde todo parece motivo de sorna para algunos integrantes de la bancada oficialista.

Un actor central es principal responsable de este resultado y de la instalación de este maldito drama en la historia y en la vida del país. El Frente Amplio.

Décadas atrás, cuando emergía en la vida política uruguaya, esta fuerza política era criticada por la contradicción ideológica de sus partidos componentes. Se evaluaba que tal circunstancia conspiraría estratégicamente para una adecuada conducción gubernamental, de alcanzar la coalición el triunfo electoral.

Los triunfos llegaron. Y la ideología no fue en momento alguno un obstáculo para gobernar. Así hemos tenido en estos años -los veinticinco de gobiernos municipales en Montevideo y los casi once de gobiernos nacionales- gabinetes plurisectoriales que no vieron su funcionamiento detenido por la ideología. Algo más profundo que lo ideológico explica esta herida profunda que el Frente Amplio le ha hecho al Uruguay. Su lejanía de lo republicano.

El efecto espejo del biru biru mujiquista, el país como boliche, el me voy pero me quedo de Astori, toda esa filosofía que reniega de procedimientos, de formalidades, de separación real de poderes, de transparencias y dadas cuenta. Y ni qué hablar de renuncias. Esa monserga que alimenta el Uruguay de nosotros y el de ellos, de la soberbia del poder que rápidamente olvida ejemplos vitales insustituibles como el del General Seregni. Esa filosofía que proliferó de la mano de Sendic y que aún cuando ahora se pretenda decir lo contrario, no tuvo freno interno, ni en el gobierno ni en el Frente Amplio, para multiplicar decisiones hacia el desastre.

Aún falta mucho. Y en algún momento tocará actuar a la Justicia.

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