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09-01-2014
Montevideo, salto cualitativo, salto cuantitativo

A nadie le quepa dudas –y menos al doctor Tabaré Vázquez, su psicología, su politología y su biología- que en tiendas oficialistas la noticia cayó como patada al hígado.

Se aprobó formalmente por la Corte Electoral el denominado “Partido por la Concertación”, un entendimiento entre colorados y blancos que permitirá sumar votos en la elección departamental de la capital en mayo del año que viene.

Cuando se formó el FA en 1971, la voz baja y alta de sus militantes daba cuenta de “Montevideo, hay que ganar en Montevideo”. No lo lograron en noviembre de ese año. Pero estaban estratégicamente acertados.

Habían generado un proceso cualitativo muy importante con la unión de las izquierdas, que ya se venía gestando con la formación de una central única de trabajadores y la formación del FIDEL (Frente Izquierda de Liberación) en los años sesenta. Ese proceso necesitaba el bautismo cuantitativo, posible en la capital por reunir casi la mitad del electorado nacional.

Lo lograron apenas cinco años después de la redemocratización del sistema, en 1989, cuando Vázquez se transformó en intendente municipal. La estrategia tuvo razón.

Hace veinticuatro años que aquel triunfo capitalino le permite al FA gobernar el territorio políticamente más importante del país. Han ganado varias elecciones, han empleado amigos y militantes, han nombrado y defendido corruptos, han privatizado, han aumentado impuestos por doquier, no han transformado lo fundamental, la realidad del departamento. Se han transformado en un partido tradicional. El peor a esta altura. Ni han cumplido lo prometido, ni pueden ya seguir prometiendo pues la gente les retiró el crédito. Están de salida.

Pero la vecindad de Montevideo no renueva así nomás sus créditos políticos. No quiere votar más de lo mismo. Tampoco menos. Quiere algo diferente, un cambio real.

Hoy por hoy quienes tienen a su cargo la conducción de los partidos de oposición, construyen esta oportunidad, gestan una alternativa y llegan a un entendimiento. Eso es el Partido de la Concertación, la prueba del entendimiento y a la vez, una garantía de cambio real en la conducción de la capital. ¿Por qué? Porque colorados y blancos ofrecen una demostración de acuerdo, de alianza, de entendimiento, de cambio de sus conductas políticas históricas –por encima de tantas décadas en que sus diferencias primaron- hacia un objetivo superior, la calidad de vida de Montevideo y sus habitantes.

Quien crea que esto es un tema apenas municipal se equivoca. Es un tema político histórico, que marcará el devenir de la política nacional. Y que sin duda se estará metiendo en la propia elección de octubre, previa a la departamental. Es que la oposición demuestra en sus partidos capacidad para acordar hacia afuera, mientras el oficialismo mira, se queja, gruñe y no sabe si al menos podrá acordar hacia adentro.

Debe venir ahora el salto cuantitativo. El Partido por la Concertación debe prepararse para ganar mediante una catarata de votos que vendrán desde todos lados. Tiene candidatos de primera. Y también ideas e historia de respaldo. Hay que hacerlo.

Se trata además, de un entendimiento de la nueva generación política, que quiere dar a entender que concibe la política de otra forma, en base al entendimiento, a la pragmática y a lo programático. No a lo ideológico. En base a la vinculación y no a la separación. Del mismo modo que la basura no es un tema de izquierdas y derechas, tampoco era un tema de blancos allá, colorados acá.

Ahora, todos acá.

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