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21-10-2013
La clase media quiere seguros

La clase media quiere seguros

Por Diego Martínez

La agencia A.M. Best informó por estos días que “el crecimiento económico en los últimos años ha dado lugar a una reducción significativa del nivel de la extrema pobreza en muchos países de América Latina”. Ya el año pasado, un estudio de especialistas del Banco Mundial (“La movilidad económica y el crecimiento de la clase media en América Latina”), había estimado que cerca de cincuenta millones de personas salieron de la pobreza en América Latina entre 2000 y 2010.

Existen diversas formas de definir los conceptos de pobreza y de clase media. Pero más allá de los formatos y/o criterios aplicables, una coincidencia se instala y constituye una buena noticia: la pobreza tiende a retroceder, la clase media avanza y el mapa social se modifica en América Latina.

Con cifras equivalentes, además, de población aún en la pobreza y de la que ya integra la clase media con estabilidad, cuando apenas una década atrás “el porcentaje de pobres equivalía aproximadamente a 2,5 veces el de la clase media”.

Hoy por hoy y en los términos en que lo analiza el estudio mencionado, podemos ver la población latinoamericana distribuida en un 30.5% de pobres, 30% perteneciente a la clase media, 2% de ricos y un 37.5% constituido por personas, los denominados “vulnerables”, que pertenecen a “hogares con una probabilidad relativamente alta de vivir episodios de pobreza en el futuro”.

Este proceso, menos pobreza, más clase media, no debe tener en modo alguno marcha atrás. Como ha escrito Ramón Muñoz en El País de España “Los países dejan de ser pobres no por el puesto que ocupan sus millonarios en el ranking de los más ricos -de ser así, México o la India estarían a la cabeza del mundo dada la fortuna de sus potentados-, sino por la extensión de su clase media”.

Desviar u omitir una política hacia ese mayoritario sector denominado “los vulnerables” resulta estratégico. Del estancamiento, o el salto hacia la riqueza de sus integrantes, dependerá que nuestros países latinoamericanos accedan por fin al elenco de los desarrollados. Y en ello, el seguro es la herramienta elegible por los gobiernos para evitar la “marcha atrás” de la clase media en su proceso de crecimiento y consolidación.

Por su concepto, función, universalidad, activos y respaldos económicos, técnicos e históricos y por su organización, el seguro cuenta con capacidad de respuesta para problemas pequeños en que el Estado resulta demasiado grande y hasta para problemas tan grandes en que el Estado resulta insuficiente. La dinámica que habilita los actuales resultados a favor de un crecimiento de la clase media, es la de la movilidad ascendente. Ella tiene que ver con lo que una familia dirime a diario en su búsqueda del bienestar y del goce de sus derechos, la salud, el trabajo, la educación, acceso a bienes y servicios de calidad, el retiro, la vida, la vivienda, el descanso.

¿Qué conspira para que ello no se consolide como proceso irreversible? El riesgo.

Un ex pobre que adquiere nivel económico superior, no ingresa automáticamente en la clase media pues ciertos riesgos -de diversa índole- le seguirán acechando en tanto no cuente con un marco protectivo, asegurativo. Ese esquema protectivo, asegurador de su movilidad ascendente, debe estar basado en planteos concretos, en los que el Estado debe operar, orientar y hasta subsidiar y coparticipar en coberturas. En algunas situaciones de riesgo de catástrofe, de riesgos agrícolas, el Estado participa financiando la totalidad o parte de las primas de seguros. De este modo, el rol del seguro ya resulta incuestionable en la gestión de varios riesgos.

Lo mismo debería ocurrir con otros como catástrofes climáticas, por agresiones en la familia, por frustraciones en el acceso a los servicios educativos, de salud, de seguridad, de crédito, por ausencia o limitación en el derecho a planificar el retiro, por los efectos de la muerte en la familia y allegados, por el desestímulo respecto al ahorro, por las dificultades para consolidar la propiedad en bienes fundamentales, por la pérdida del trabajo, por la destrucción de un proyecto empresarial.

Tanto pobres con boleto hacia la clase media, como integrantes de la clase media en zona de embarque hacia la pobreza -por primera vez, o de retorno- deben contar con una visión proyectiva de parte de los gobiernos, de consistente sustento republicano y humanista. Algo así como el compromiso para que nadie caiga en la pobreza ni retorne a ella. El camino definitivo, al mismo tiempo, para que en un futuro cercano ya nadie nazca pobre.

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