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01-05-2013
Democracias y democracias

En Latinoamérica, todas las democracias tienen instaladas ideas diferentes de lo que es democrático, al margen que también tienen constituciones y leyes diferentes. Cada país, de acuerdo a sus historias y quizás por el tiempo o la forma en que han conseguido ser estados democráticos, se mueven con idiosincrasias diferentes. Por ejemplo uno no puede entender la libertad de prensa o las democracias argentina o venezolana como la concebimos los uruguayos. En realidad tendría que decir como la concebimos algunos uruguayos.

Nuestro gobierno frenteamplista no dudó ni un instante en condenar a Paraguay cuando se destituyó al ex obispo Lugo de la presidencia. Una destitución que bordeaba la maniobra sucia, pero que podría decirse estaba prevista en la constitución paraguaya. Tampoco podemos leer la joven democracia paraguaya que apenas cuenta con 20 años, desde nuestra mirada. La idiosincrasia del pueblo paraguayo todavía está teñida de los golpes de estado dictatoriales y hasta se podría decir que le parecen normales ciertas maniobras para conseguir (o mejor dicho comprar) los votos en las elecciones. Nuestro gobierno, junto con sus socios de Argentina y Brasil, aprovechó la bolada para colar a Venezuela en el MERCOSUR, suspendiendo al miembro que se oponía al ingreso del país caribeño en nuestro Mercado del sur.

Frente a las elecciones en Venezuela, en las que el ganador Hugo Chávez no pudo asumir, el gobierno uruguayo hizo la vista gorda a las chicanas que inventaron para que quedara Nicolás Maduro en el poder, a la espera de que Chávez se recuperara. Al morir el comandante, también se manoseó hasta la propia constitución bolivariana y nuestro gobierno siguió avalando a Maduro, un dirigente guiado por Chávez encarnado en pajarico. Frente a unas elecciones poco transparentes y en las que insólitamente todavía no se sabe cuantos votos consiguió cada candidato, nuestro presidente Mujica, junto a sus secuaces de Argentina y Brasil, salió más rápido que ligero hacia la patria bolivariana, apresurándose a reconocer el triunfo de Maduro.

Como dije antes, todos vemos y actuamos frente a cada democracia como estamos acostumbrados. Pero parece que Mujica y su gobierno actúan de diferentes maneras frente a situaciones de dudosa cristalinidad. En el caso de Paraguay no dudaron en condenar esas acciones. En el de Venezuela hasta las aplaudieron. Y siguen mirando para otro lado frente a hechos como los que vienen aconteciendo en la Asamblea venezolana presidida por Diosdado Cabello, el verdadero hombre fuerte según se dice, que no ve pajaritos como Maduro, pero que tiene peligrosas actitudes de inmadurez y soberbia. Cabello se niega a dar la palabra en el Congreso a los legisladores de la oposición, retirándole hasta los micrófonos de la sala, aduciendo que dicha oposición no reconoce a Nicolás Maduro como presidente electo. Este hecho se repite en cada reunión y tuvo su punto culminante el pasado martes 30 de abril cuando se generó una gresca de proporciones insólitas entre los representantes del gobierno y sus opositores. Frente a la falta de micrófonos para comunicarse, los diputados opositores echaron mano a pancartas para denunciar la violación a sus derechos de expresión, cortados con actitudes dictatoriales.

Los que salieron más magullados fueron los de la oposición, pero ambas fuerzas culpan a sus oponentes de haberla generado. Unos por la impotencia de sentirse silenciados injustamente y los otros por sentirse agraviados por las pancartas. Lo importante en este hecho, no es quién tiró la primera piña. Lo relevante es la manera que tienen los venezolanos de concebir la democracia y cómo nuestro gobierno se hace el sota. Será por los compromisos económicos o el dinero que ha regado el difunto Chávez al partido de gobierno, o será porque los allegados al presidente Mujica no respetan realmente las libertades y la democracia, como no las respetaban en el pasado cuando atentaron contra ella con sus armas. Sea cual sea el o los motivos, lo que da temor es constatar la complicidad de nuestros gobernantes ante los abusos de poder que se están cometiendo en Venezuela, que con dos fuerzas polarizadas, parece ir expreso a un destino de violencia.

Mujica ha dado muestras de no ser el presidente de todos los uruguayos y es común percibir su desprecio hacia varios sectores de la sociedad, hasta el colmo de despreciar a los profesionales uruguayos. Tabaré Vázquez también se ha encargado de agredir a por lo menos la mitad de los uruguayos y junto con Mujica y otros dirigentes se encargan de dividirnos entre buenos y malos. Por supuesto que ellos se colocan del lado de los buenos y dueños de la verdad. Frente a las próximas elecciones asustan un poco estas actitudes, en caso que el Frente Amplio no ganara en las urnas. Porque ya hemos vivido en un país polarizado y no la pasamos nada bien. Ya tuvimos actos irresponsables de sus dirigentes como el del Hospital Filtro y ni que hablar cuando Tabaré arengó a sus votantes esperanzándolos con que había ganado las elecciones y huyó por los techos del hotel donde se alojaba, al darse cuenta que el ganador era Jorge Batlle. Por estas razones tenemos que estar siempre atentos a fortalecer la democracia y la tolerancia y no podemos dejar pasar cuando se aplaude o se hace la vista gorda a actitudes antidemocráticas o irresponsables, que generen odio entre los ciudadanos, en vez de alentarlos a convivir pacíficamente por el bien común de todos los uruguayos.

V. L. A.



©La Libertad Portal

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