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08-04-2013
Estas políticas aceleran la concentración de la tierra

El gobierno ha presentado el proyecto sustitutivo del ICIR, basado en la aplicación del Impuesto al Patrimonio a los inmuebles rurales. La Libertad Portal recurrió al Ingeniero Bernardo Arrambide para que brindara su enfoque sobre el tema. Arrambide -MSC en economía agrícola formado en la Universidad de Londres- dirigió el Plan Agropecuario y desarrolló el PRONADEGA (Programa Nacional de Desarrollo Ganadero).

El entrevistado cree "altamente improbable que se pueda sustituir" el inconstitucional ICIR con el IP, dijo que el Impuesto al Patrimonio "depende del resto de los bienes que se posean, que -por supuesto- varían en cada situación en particular" y afirmó que "el ICIR no era un impuesto a los "terratenientes", sino un impuesto a los tenedores de campo que tenían la osadía de vender o comprar, aún áreas muy reducidas". Arrambide entiende que este tipo de medidas ponen al agro uruguayo en "un rumbo equivocado" y "aceleran la concentración de las tierras en pocas manos".

A continuación la entrevista con La Libertad Portal.

LLP- El gobierno anuncia una suerte de sustitución pretendidamente equivalente, de los sujetos gravables por el Impuesto al Patrimonio en relación a los que estaban gravados por el ICIR. ¿Es aceptable ese razonamiento, o esa hipótesis? ¿Es imaginable que se recaude exactamente lo mismo?

BA- No tengo elementos de juicio - dado el desconocimiento a nivel personal y entiendo que también de la opinión pública - de la medida en la cual se pueda implementar una sustitución aceptable del ICIR por el Impuesto al Patrimonio. Sin embargo, pienso que va a ser altamente improbable que se pueda sustituir uno por el otro, dados los diferentes hechos imponibles en ambos casos.

LLP- ¿Por dónde pueden identificarse las variaciones?

BA- Lo que se divulgó del ICIR de manera reiterada fue el gravamen que el mismo imponía sobre los establecimientos de cierto tamaño (mayores de 2000 hectáreas) con una cierta progresionalidad. Si este fuera el caso, y dado que el Impuesto al Patrimonio obliga a acumular todos los bienes de activo fijo que se poseen en una única declaración, parece prácticamente imposible que el nuevo impuesto grave de la misma manera a los "terratenientes" que tienen más de cierta área. Y esto es así porque, una vez considerado el valor de la tierra para el cálculo del Impuesto al Patrimonio (que hoy está a tasa cero), y dependiendo (por supuesto) de todos los detalles instrumentales, cuando se sume al valor imponible de la tierra el resto del patrimonio individual o del núcleo familiar, el peso de la misma en el impuesto a pagar va a tener grandes variaciones. Este impuesto también depende del resto de los bienes que se posean, que -por supuesto- varían en cada situación en particular. Implementarlo de otra manera sería cambiar de manera radical el impuesto para toda la sociedad, lo que no parece posible.

LLP -¿Pero se estará cerca de pagar lo mismo que en el ICIR?

BA -A no ser que se produzcan prodigios de ingeniería impositiva, cada productor incluirá el valor de la tierra para el cálculo del impuesto y dependerá del resto de los bienes que tiene cuánto pagará en definitiva. Se podrían realizar sesudos cálculos acerca de cuanto debería pagar alguien para pagar de impuesto al patrimonio lo mismo que del ICIR, tomando en cuenta solo el valor de la tierra, pero de ninguna manera se puede saber cuánto efectivamente va a pagar, en tanto cada sujeto pasivo del impuesto tiene otros bienes que se adicionarán al valor de la tierra.

LLP -¿Es imaginable que aparezcan o desaparezcan nuevos sujetos gravados?

No tengo ninguna duda de que van a aparecer nuevos sujetos gravados, y en muchos casos no van a ser "terratenientes".

LLP -¿Por qué?

BA -Porque ya ocurre. Esta es la situación del ICIR. ¿Era el "derogado" ICIR un "impuesto a los terratenientes"? La respuesta no puede más que ser negativa. La parte que el gobierno y la grey de periodistas afines al mismo (especie sobreabundada en los obsecuentes noticieros televisivos centrales), han divulgado machaconamente de la reglamentación del ICIR, es que se trata de las tasas progresionales a la tenencia de superficies más o menos extensas de campos, pero la realidad es que este impuesto golpeaba duramente a la totalidad de los establecimientos.

LLP -Pero el gobierno hizo saber que la motivación del impuesto era gravar a los ricos...

BA -En la misma creación del Impuesto a los Ricos y con maquiavélica intención, quizás acunada por la más indecente politiquería, se establecía un alambicado procedimiento para gravar a la totalidad de las extensiones de campo que se enajenaran. Estimaciones realizadas por especialistas en su momento, establecían que las compraventas de campos que se habían adquirido antes de la reforma tributaria iban a ver incrementado su costo del 1.8% anterior a un 2.5% y un 2.8%, lo que significa entre un 39% y un 55% de más. ¿Afecta este impuesto a todas las compraventas? No, pero sí a la gran mayoría. ¿Es este incremento pago solo por los grandes terratenientes? Claro que no, porque si no las cifras recaudadas serían muy bajas, porque las superficies enajenadas de más de 2.000 hectáreas son muy reducidas.....Lo pagan la gran mayoría, incluyendo especialmente los productores más chicos, y es esta parte del impuesto la responsable de la gran recaudación. Algunos hablaban en aquel momento de que el producido de esta parte del ICIR era el 70, 75 y hasta el 80% del total. Y esta parte la pagaban los chicos y medianos también. El ICIR no era un impuesto a los terratenientes, sino un impuesto a los tenedores de campo que tenían la osadía de vender o comprar, aún áreas muy reducidas. Ahora que la Suprema Corte de Justicia le recordó al gobierno que ese impuesto es inconstitucional... ustedes creen que van a devolver las decenas de millones de dólares recaudados por ese incremento en el costo de las ventas que llamaban el "Impuesto a los Terratenientes"? Lo único que se ha escuchado es que el superior gobierno piensa devolver el impuesto cobrado a los productores grandes, del resto nada. Sería bueno que esto se discutiera en las Cámaras.

LLP -¿Qué criterios, de pronto históricamente consolidados desde anteriores gestiones, resultan atacados o cuestionados con este tipo de definiciones de parte del gobierno?

BA -Estas definiciones implican un quiebre en una política de décadas, que ha permitido al agro uruguayo comenzar un proceso de despegue que era considerado un sueño hasta mediados de los años 80. A partir de la restauración de la democracia, se comenzó un proceso de liberalización del sector agropecuario, que se afirmó en una infinidad de medidas de desregulación y liberalización de mercados, que permitió - tímidamente primero y a velocidad creciente con el tiempo - un crecimiento agropecuario sostenido en el tiempo, que el gran momento de precios por el que pasa el mercado de commodities aceleró. Todas estas medidas liberalizadoras y de apertura comercial de un sector que ha significado el pie de apoyo de la economía nacional desde el nacimiento del país, se vieron complementadas por una política de disminución del peso impositivo sobre la tierra, de manera de que la misma pudiera comenzar a apreciarse y generar rentabilidad. Para explicarlo en términos prácticos, los equipos técnicos el MGAP permitieron demostrar la necesidad de "poner la carreta adelante de los bueyes" y no seguir succionando todo potencial ingreso, porque esto producía un efecto negativo sobre la economía agropecuaria, resultando en el contrasentido de que - al ser bajo el valor de la tierra por la presión impositiva - el negocio consistía en producir extensivamente y - aquellos que obtenían beneficios - agrandar los establecimientos en lugar de intensificar la producción. La necesaria contrapartida de esta estrategia debería ser la sustitución de la imposición de la tierra por la de los ingresos que la misma produce. Por años los ingresos fueron bajos, pero al incrementarse los precios, y con la generalización del Impuesto a la Renta, los frutos de la estrategia desarrollada son más que recogidos impositivamente. Baja imposición sobre la tierra, valorización de la misma, y recaudación de impuestos por la renta de la tierra valorizada, fue la cadena que permitió tasas de crecimiento inéditas para el agro uruguayo. Los precios fueron muy importantes, pero la estrategia estaba pronta y las transformaciones esperaban el momento. Comenzar a hacer recaer el peso impositivo sobre la tierra de nuevo, es algo que se comenzó a discutir por el gobierno del Frente Amplio en el actual período, porque tampoco el primer gobierno del Frente lo impuso. ¿Qué resultado se puede esperar de la reversión de una estrategia que llevaba más de 25 años de exitosa implementación? Es difícil de saber, hasta no conocer la extensión de los cambios y la eventual profundización en el tiempo de los mismos. Pero se revirtió una política exitosa y los atrasados libros sesentistas y la necesidad de recursos del gobierno seguramente van a seguir fogoneando un rumbo equivocado para el agro uruguayo. Dimos vuelta el reloj de arena...

LLP -La lógica anticoncentración de la tierra esgrimida sobre todo por voceros del MPP, ¿podrá verse moderada o revertida con este tipo de impuesto?

BA -De acuerdo a lo anteriormente expresado, son precisamente estas políticas las que aceleran la concentración de la tierra en pocas manos. En economía, muchas veces la búsqueda obsesiva de un resultado, lleva a utilizar instrumentos cuyos logros en el largo plazo son exactamente los opuestos. Obviamente los buenos técnicos que el gobierno posee en el área económica conocen este punto, pero transan, considerando que éste es un mal menor, al mismo tiempo que incluyen en la negociación aspectos que llevan aguas para su molino. Es esto lo que ocurrió con el mencionado ICIR. La gente del equipo económico conocía perfectamente la irracionalidad de la medida, e intentaron resistir la misma, siendo la prensa testigo de discusiones y tirantez entre ambos bandos. Al final, negociaron y aceptaron la mayor fuerza política del sector mayoritario del Frente. Podríamos decir que "saludaron a la bandera" de los viejos complejos de base ideológica y al mismo tiempo incluyeron en el impuesto una fuente de recaudación segura (con el aumento del impuesto a las transacciones) que les permitía "hacer negocio" y tener mayores ingresos para sus arcas. Todos quedaron contentos, y el país más jugado a la eficiencia del uso de los recursos por parte de un Estado que el propio presidente afirma que los administra mal. ¿Y por qué este tipo de impuestos permite en el largo plazo aumentar la concentración de la tierra en lugar de lo afirmado por el gobierno? Considerando que la política se aplica durante décadas y el peso de la imposición sobre la tierra cada vez es mayor (esto se puede adelantar si el precio de las commodities cayera de manera abrupta, lo que parece improbable al momento), la misma comienza a generar ingresos cada vez menores. Dado que Uruguay sigue funcionando en el régimen capitalista, al verificarse una tendencia a la disminución de los ingresos que el mercado visualice como permanente, el precio de la tierra desciende, las inversiones sobre ella para hacerla producir cada vez son menos ventajosas, y los establecimientos exitosos que desean invertir en el agro compran tierra (barata) en lugar de invertir en que la misma produzca más. Resultado: el área de los predios comienza a incrementarse y la tierra se concentra en menos manos. ¿Es esto una elucubración teórica? Sí, lo es, pero está basada en el proceso ocurrido en Uruguay durante casi todo el siglo XX, y es - a mi juicio - lo que nos espera de continuar el camino liderado por el gobierno.

LLP -¿Puede decirse que para el gobierno, así como lo político está por encima de lo jurídico, también lo político está por encima de lo técnico?

BA -No creo que para los técnicos que dominan el punto lo político esté por encima de lo técnico. Ellos conocen las consecuencias de este tipo de medidas, pero juegan con varios factores atenuantes. Seguramente el buen momento del agro uruguayo les permite pensar que “Y bueno... un poco de impuestos más no va a cambiar mucho!”. Y seguramente los hechos - en el cortísimo plazo - les den la razón, pero esto solo es el comienzo de un camino.....y una vez que se pasa a depender de generar ingresos de una determinada forma, las sacrosantas finanzas del Estado pasan a depender de ese impuesto (además) y es muy difícil de retirarlo. En la práctica, solo se revierte esa tendencia en momentos de bonanza... ¡ Pero si estamos en uno de esos momentos! Si comenzamos a incrementar el peso impositivo sobre la tierra en este momento, por mucho tiempo no se podrá revertir el proceso, gobierne quien gobierne. Otro aspecto que juega a favor de la inclusión de este mamarracho sesentista, es la compleja negociación interna dentro del Frente, con el objetivo máximo de mantener el poder en las elecciones que viene. Seguramente a muchos legisladores (una vez que se les explique lo anterior) les gustaría votar en contra, o "barajar y dar de nuevo", principalmente los conocedores de la realidad agropecuaria, que son la gran mayoría de los que viven en el interior. Pensar que los que votan a otro partido son todos tontos o antipatriotas es uno de nuestros defectos nacionales, que dificulta la negociación de acuerdos con base nacionalista. Leyes como la que se propone no debería haber llegado a las cámaras, porque ahora ¿qué ocurre?, los legisladores del gobierno, se van a encontrar en el medio de una lucha de dos bandos: unos que atacan el impuesto (los malos "rosados", la "derecha neoliberal", etc.) y otros que lo defienden: los "buenos" correligionarios. ¿Qué margen les queda a los que estudian el tema y ven el horror que esto significa? Pueden elegir entre ser traidores o actuar contra los intereses nacionales. No me gustaría tener que tomar esta decisión. ¿Y cómo termina el proceso? En materia impositiva, votando leyes como la que se viene, que contienen muchos detalles que insuflan el partidismo, y seguramente un montón de "cangrejos debajo de la piedra" de índole económica y financiera e indefiniciones en aspectos clave, que indefectiblemente habilitan a un puñado de tecnócratas - con el aval del voto en las cámaras - a hacer lo que les parece conveniente. Aspectos tales como quiénes son los que pagan el impuesto, los mínimos imponibles, las bases del cálculo y los índices sobre los que se basan, pasan por las cámaras con redacciones genéricas que luego permiten su "interpretación" por vía administrativa. Esta invariablemente se fija en cada ejercicio tomando en cuenta las necesidades del fisco, que nunca decrecen, y el "ruido" que las mismas producen entre los afectados, pero los legisladores ya no disponen de forma de control alguna. Hoy aseguran que se recaudará lo mismo que con el ICIR y a los mismos, en tanto con la misma redacción, este mismo año o el año entrante pueden recaudar cantidades muy superiores, e incluir a productores medianos y chicos. Creo que los que votan la ley deberían preocuparse por aspectos tales como si es necesaria una ley para incluir la tierra en el impuesto al patrimonio, o el por qué de la urgencia de que se vote la ley sin modificaciones.

LLP -En definitiva, ¿no se contribuye con este tipo de medidas a un mayor distanciamiento entre las clases sociales rurales?

BA -Sin dudas que este tipo de medidas - mantenidas en el largo plazo - contribuyen a un mayor distanciamiento entre clases en el agro. Mayor imposición a la tierra, menor valor de la misma, pauperización de las bajas clases medias, que ya no tienen activo suficiente como para intensificar su producción o generar negocios nuevos (fenómeno éste de rugiente actualidad en el agro uruguayo - las tan promovidas PYMES) y panorama simplificado para los mismos: ya no podrán elegir entre comprar un equipo de maquinaria y hacer una contrata o camiones para fletear mercadería, porque las garantías no son suficientes, y los ingresos del predio tampoco. Para muchos de estos pequeños empresarios de hoy, si en el futuro se volviera al país de la tierra barata, esto tendría una consecuencia que no quiere nadie: la pobreza en el predio o sobrevivir como asalariados con bajos sueldos, porque cuando la tierra vale poco, se tiende a bajar el costo de producción, con menores retribuciones. Esto seguramente no va a ocurrir el año que viene, y esperemos que tampoco en el gobierno siguiente, pero este nuevo giro de política impositiva, mantenida en el tiempo, y seguramente agravada por un peso cada vez mayor, puede terminar en un panorama que muchos conocemos, y cuya reversión fue uno de los logros más importantes que se obtuvieron en el plano económico luego del final de la dictadura.



©La Libertad Portal

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