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06-04-2013
Distribución viva y muerta

La generación y distribución de la riqueza ocupa capítulos centrales del debate académico y político.

Si generar primero y repartir luego, si provocar procesos de simultaneidad, si habilitar previamente reglas de juego -jurídicas, educativas, administrativas- que de alguna manera garanticen un flujo eficaz del activo distribuible, el cómo, y por supuesto quién debe ser el indicado para operar y llevar a buen puerto estas prácticas tan sensibles en el plano humano y social… Éstas y muchas consideraciones más convocan la atención de los expertos, que esfuerzan sus planteos en aras de hacer menos infelices a millones de personas.

En tanto, el individuo y sus circunstancias, ése de Ortega y Gasset y también el de Ocho de Octubre y Serrato, el de Casupá, o el de la chacra en la Ruta 33, en ocasiones la ve pasar, en otras no ve nada. O directamente es testigo de lo que se denomina "destrucción de riqueza". En otras palabras, mientras por los grandes medios recibe noticias del "maravilloso" avance de la economía y sus cifras, "alguien" le informa que por un tiempo estará en seguro de paro, que no podrá acceder a un crédito o garantía, se entera que su hijo no llegará a la educación terciaria, que una consulta médica le demorará dos meses, que su retiro jubilatorio no vale la pena, o que una granizada destruyó el trabajo de casi un año en su campo.

Hay una zona, una distancia entre la riqueza -o cifras de la riqueza- y el individuo, que en cuanto se toma la decisión de recorrerla para poner a ambos en contacto, una interminable red de intereses particulares, estructuras burocráticas, corrupciones e ignorancias, se activa para impedirlo. Y ello muchas veces explica la permanencia en la pobreza de miles de personas. O su ingreso o retorno a ella. Es habitual que en el propósito de cumplir con promesas electorales, o compromisos ideológicos, los gobiernos equivoquen el camino para combatir la pobreza, optando por mecanismos de distribución que terminan trabajando para sí mismos. Fundamentalmente porque no miran alternativas al Estado y sus organismos como motores para esa vital distribución.

Frustran así el derecho de inmensas mayorías a acceder a un estado mejor en sus vidas.

La función y penetración del seguro, le eligen para ser un consistente motor de distribución.

Por su naturaleza, el seguro está vinculado a economías vivas, funcionales, todo lo contrario de los asistencialismos que operan en sectores y segmentos sociales inactivos, improductivos y que precisamente -al recibir la dádiva- vuelven definitiva su situación de improductividad. Es como hablar de producción viva y muerta. Y consiguientemente de distribución viva y muerta.

Lamentablemente es allí donde muchos Estados derraman la riqueza producida, sin reparar en que ello no es más que un círculo vicioso sin retorno.

El seguro, instituto con siglos de funcionamiento en el planeta y en nuestro propio país ya con más de uno, cuenta con activos inalcanzables para otras organizaciones. Técnicas, controles, respaldos, actores, productos, servicios y normas, que garantizan un destino cierto, eficaz y por ello justo para los procesos distributivos.

Si observamos lo ocurrido en el mundo en estos cuatro años, constataremos que por algo las aseguradoras sobrevivieron a la brutal crisis cuando no lo lograron decenas de poderosos bancos y hasta algunos gobiernos europeos. En México, su Secretaría de Agricultura ha dispuesto 313 millones de dólares para asegurar once millones de hectáreas y ocho millones de cabezas de ganado de pequeños productores. No les ha dicho "váyanse a los cinturones de las urbes que les damos plan de emergencia", les ha puesto en pie a producir con el respaldo de un seguro para opciones de mal clima o pestes. En Chile se ha quintuplicado la opción de los trabajadores por seguros médicos.

Es cuestión de empezar un nuevo camino, con decisiones y herramientas nuevas, que permitan llegar a nuevas situaciones para la gente. Es también un desafío para una clase media diferente, con conciencia para sí, algo así como que su misión debe estar más allá que el sueño del auto y la casita en la playa.

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